El hombre propone el celular, lo llena de cientos de porquerías útiles sólo para un hombre, hasta que un día el exceso de customización lo lleva a agregarle «ringtones» y cámaras de fotos, mensajes de texto y alguna boludez más. El celular es, primero, desaprobado por la mujer por ser otra de esas extensiones peneanas del hombre, pero a medida que descubre la posibilidad de comunicación «al pedo» como los SMS y aprende a utilizarlos, desplaza al hombre de su posición de «tecnología para hombres» y lo relega a ser «uno más». De hecho, la división entre modelos para hombres y para mujeres se quedó sólo en «Bluetooth», conectarse a la web y toda tarea que signifique más de tres botones y algún «hacking», a medida que se facilite el acceso a las nuevas tecnologías la mujer las invadirá.
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